Locución teológica guiada para pastores y ministros en movilidad • 46 min de audio-estudio
Aparato Textual Canónico: Reina-Valera 1960 (RVR1960) | Base Griega: Textus Receptus / Bizantino Mayoritario (con notas eruditas sobre lecturas críticas NA28/UBS5 si enriquecen la comprensión pastoral).
La naturaleza epistolar del Nuevo Testamento constituye el corazón teológico-práctico de la iglesia apostólica. Las veintiuna epístolas, desde Romanos hasta Judas, no son tratados abstractos de filosofía religiosa, sino cartas ocasionales, escritas para abordar situaciones concretas de comunidades específicas en el último tercio del siglo I. Para una interpretación fiel, el pastor debe aplicar el principio hermenéutico fundamental: toda epístola debe ser leída primero como una carta real, con un remitente, unos destinatarios y una ocasión histórica particular. Como señala James M. Efird en su obra Cómo interpretar la Biblia: “Para entender las diferentes cartas que hay en el Nuevo Testamento, el intérprete debe aprender todo lo que pueda acerca de las circunstancias históricas que rodean a cada carta en particular” (Efird, p. 146).
Tomemos como paradigma la Epístola a los Gálatas, que Martín Lutero llamó “mi esposa”. Pablo escribe a unas iglesias que estaban siendo perturbadas por judaizantes que enseñaban que la circuncisión y la observancia de la ley mosaica eran necesarias para la salvación completa. La lectura central de Gálatas 2:15-16 (RVR1960) declara:
“Nosotros, judíos de nacimiento, y no pecadores de entre los gentiles, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo, y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.”
El apóstol no está especulando teológicamente; está defendiendo la esencia del Evangelio contra una distorsión que amenazaba con vaciar la cruz de su poder. La justificación es forense: Dios declara justo al pecador sobre la base de la imputación de la justicia de Cristo, recibida únicamente por la fe. Este es el articulus stantis et cadentis ecclesiae (el artículo con el que la iglesia se sostiene o cae).
Para una exégesis rigurosa de Gálatas 2:16, es imprescindible analizar los términos nucleares en su lengua original. Presentamos el análisis formal de cuatro términos cardinales:
Las epístolas del Nuevo Testamento son, en su mayoría, escritos ocasionales. Como bien documenta Michael J. Gorman en su Introducción a la Exégesis Bíblica, la interpretación teológica no es un ejercicio individualista, sino una “disciplina eclesial” que ocurre en diálogo con la comunidad y con la historia. Gorman insiste en que la exégesis debe ser una “práctica eclesial” cuyo objetivo final es la Iglesia (Gorman, p. 104).
Las cartas de Pablo fueron escritas en el contexto del Imperio Romano del siglo I, donde las comunidades cristianas eran minorías vulnerables, compuestas mayoritariamente por gentiles y algunos judíos. Las epístolas abordan problemas como:
El intérprete pentecostal debe preguntarse: ¿Qué situación histórica provocó esta carta? ¿Qué problema teológico o práctico aborda el autor? Solo después de responder a estas preguntas puede aplicar el texto a su contexto contemporáneo.
Las epístolas paulinas siguen generalmente la estructura retórica grecorromana de su época:
Este esquema revela un principio hermenéutico crucial: la doctrina precede a la ética. Pablo primero establece quiénes somos en Cristo (indicativo) y luego nos llama a vivir conforme a esa identidad (imperativo). El pastor debe predicar tanto el indicativo como el imperativo, sin divorciarlos.
El propósito teológico canónico de las epístolas es doble: catequético (instruir en la sana doctrina) y parenético (exhortar a la vida santa). Como afirma Efird, algunas epístolas como Santiago son “colecciones de enseñanzas parenéticas” (Efird, p. 146), es decir, exhortaciones éticas para la vida cotidiana.
La interpretación pentecostal clásica de las epístolas no es un mero ejercicio académico; es una lectura pneumatológica que reconoce al Espíritu Santo como el autor divino de las Escrituras y como el intérprete supremo que ilumina al creyente. Las epístolas, leídas desde la perspectiva del Evangelio Pleno, revelan:
La tradición teológica evangélica y pentecostal nos ofrece herramientas invaluables para la interpretación de las epístolas. James M. Efird nos recuerda que las cartas del Nuevo Testamento no son tratados teológicos abstractos, sino respuestas a situaciones concretas de la vida de las iglesias. Esta perspectiva nos protege de dos errores: la descontextualización (aplicar un texto sin considerar su ocasión histórica) y la hipercontextualización (reducir el texto a su situación original sin extraer principios transculturales).
Michael J. Gorman, por su parte, nos ofrece el principio canónico: los textos bíblicos “pueden y deben ser leídos, no solo en sus contextos históricos y literarios, sino también en su contexto canónico”. Esto significa que debemos leer las epístolas en diálogo con el resto de las Escrituras, permitiendo que el conjunto del canon ilumine cada parte. Por ejemplo, la enseñanza de Pablo sobre la justificación por la fe debe leerse a la luz de la carta de Santiago, que enfatiza la fe que obra por amor. No hay contradicción, sino complementariedad: Pablo combate el legalismo (la salvación por obras), mientras que Santiago combate el antinomianismo (una fe sin obras).
La hermenéutica pentecostal clásica, en diálogo con la erudición evangélica, afirma que el Espíritu Santo, que inspiró las Escrituras, es también quien las ilumina para el creyente. Como enseñó Juan Wesley, la analogía de la fe (Romanos 12:6) nos llama a interpretar las Escrituras en armonía con el conjunto de la revelación y bajo la guía del Espíritu.
La interpretación fiel de las epístolas requiere una refutación académica de las herejías que han distorsionado el Evangelio a lo largo de la historia:
Las epístolas no son islas teológicas; están profundamente enraizadas en el Antiguo Testamento y en la vida de Jesús. Pablo cita el Antiguo Testamento extensamente para demostrar que el Evangelio es el cumplimiento de las promesas de Dios a Israel. Romanos 1:2 declara que el Evangelio fue “prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras”.
La tipología es esencial para entender las epístolas. Por ejemplo, Pablo presenta a Adán como un “tipo” de Cristo (Ro 5:14): así como Adán trajo muerte a todos, Cristo trae vida a todos. La Pascua judía (Éxodo 12) es un tipo de Cristo, nuestro Cordero pascual (1 Co 5:7). El tabernáculo y el sacerdocio levítico son sombras de la realidad celestial que encontramos en Cristo (Hebreos 8-10).
Esta conexión tipológica nos enseña que la historia de la salvación es una unidad. El Dios del Antiguo Testamento es el mismo Dios del Nuevo. La ley fue nuestro ayo para llevarnos a Cristo (Ga 3:24). Las epístolas nos muestran cómo la promesa y el cumplimiento se entrelazan en el plan redentor de Dios.
| Doctrina | Teología Bíblica Ortodoxa | Error Doctrinal Común | Impacto Eclesial del Error |
|---|---|---|---|
| Justificación | Declaración forense de justicia por la fe en Cristo (Ro 3:28) | Justificación por obras o méritos humanos (legalismo) | Inseguridad espiritual, orgullo farisaico, negación de la gracia |
| Santificación | Obra progresiva del Espíritu que nos conforma a Cristo (2 Co 3:18) | Santificación instantánea sin proceso (perfeccionismo) | Desánimo, hipocresía, negación de la lucha contra el pecado |
| Bautismo en el Espíritu | Investidura de poder subsecuente a la regeneración con evidencia de lenguas (Hch 2:4) | Cesacionismo: negación de la vigencia de los carismas | Pérdida del poder testimonial, racionalismo espiritual |
| Sanidad Divina | Provisión en la expiación, ejercida mediante la oración de fe (Stg 5:15) | Negación de la sanidad o afirmación de que es siempre la voluntad de Dios sanar | Falta de fe, culpa indebida en los enfermos, o decepción |
| Escatología | Retorno premilenial, personal y visible de Cristo (1 Ts 4:16-17) | Amilenialismo espiritualizante o postmilenialismo optimista | Pérdida de la esperanza inminente, mundanalidad |
La interpretación de las epístolas del Nuevo Testamento es una tarea que exige rigor académico y devoción espiritual. El pastor pentecostal está llamado a ser un obrero aprobado que “usa bien la palabra de verdad” (2 Ti 2:15). Esto implica:
La sana doctrina de las epístolas es el antídoto contra toda herejía y el fundamento de una iglesia sana y misionera. Que el Espíritu Santo, que inspiró estas cartas, nos conceda la sabiduría para interpretarlas fielmente y el poder para vivirlas con gozo, para la gloria de Dios y la edificación de su pueblo. Amén.
La interpretación de las epístolas neotestamentarias ha sido un crisol donde las diversas tradiciones evangélicas han forjado sus identidades teológicas. Abordar este diálogo con rigor académico y caridad cristiana es esencial para el pastor que busca pastorear con sabiduría en un contexto plural. Cada tradición aporta lentes hermenéuticos que iluminan aspectos del texto, y comprenderlos nos permite una síntesis más rica y fiel al *sensus literalis*.
**La Tradición Reformada / Calvinista** se aproxima a las epístolas, particularmente a las de Pablo, a través de la lente de la soberanía divina y la teología del pacto (*foedus operum* y *foedus gratiae*). Su hermenéutica, fundamentada en la *analogia fidei*, lee Romanos y Gálatas como el corazón del evangelio, enfatizando el monergismo soteriológico: la salvación es obra exclusiva de Dios desde la elección hasta la glorificación. Para el intérprete reformado, la justificación forense es el artículo sobre el cual la iglesia se sostiene o cae. Esta perspectiva aporta una profundidad majestuosa a la gracia soberana, pero corre el riesgo de minimizar la respuesta sinérgica del creyente en la santificación si no se mantiene en tensión dialéctica con las exhortaciones parentéticas de las mismas cartas.
**La Tradición Arminiana / Wesleyana**, en contraste, subraya la gracia previniente que capacita la voluntad humana para responder al evangelio. Su lectura de las epístolas enfatiza la responsabilidad moral, la posibilidad de la apostasía y la santidad práctica del corazón y la vida. Juan Wesley, con su énfasis en la perfección cristiana, encuentra en pasajes como 1 Tesalonicenses 5:23 y Efesios 5:25-27 un llamado a la entera santificación. Esta tradición valora la dimensión transformadora de la fe, viendo las epístolas no solo como doctrina que se cree, sino como un camino de vida que se recorre en cooperación con el Espíritu. Su fortaleza reside en la seriedad con que toma las amonestaciones éticas, aunque debe cuidarse de no caer en un activismo moral que opaque la suficiencia de la gracia imputada.
**La Tradición Bautista / Dispensacional** aporta una eclesiología congregacionalista y una hermenéutica histórico-gramatical que busca el sentido literal del texto. Su distintivo dispensacionalista introduce una aguda distinción entre el programa profético para Israel y el misterio de la Iglesia, lo que influye en cómo se interpretan pasajes eclesiológicos y escatológicos en las epístolas. Esta escuela ha hecho contribuciones significativas al estudio de la profecía y a la defensa de la autonomía de la iglesia local. El peligro de esta aproximación es fragmentar la unidad del consejo de Dios, aislando a la Iglesia de las promesas veterotestamentarias que encuentran su cumplimiento en Cristo, a quien sirven las epístolas como su exposición más plena.
**La Perspectiva Pentecostal Clásica** ofrece una hermenéutica que podríamos denominar *pneumatocéntrica*, donde la experiencia del Espíritu Santo no es un añadido, sino una lente hermenéutica legítima. Al leer las epístolas, el intérprete pentecostal, siguiendo la estela de eruditos como Roger Stronstad y Robert Menzies, reconoce que la vida de la iglesia primitiva, descrita en Hechos y presupuesta en las cartas, era una vida de poder carismático. Las epístolas no son meros tratados doctrinales, sino cartas escritas a comunidades que experimentaban los dones del Espíritu (1 Co 12-14), la sanidad divina (Stg 5) y el poder para el testimonio. Esta lectura valida la continuidad de los carismas y la vitalidad de una fe que no es solo intelectual, sino experiencial y dinámica.
A pesar de las divergencias, existe un **consenso evangélico fundamental** que nos une: la inspiración y autoridad plena de las Escrituras, la deidad de Cristo y su expiación vicaria, la justificación por la fe, y el llamado a la Gran Comisión. Las divergencias, como la naturaleza de la elección o la continuidad de los dones, no deben fracturar la comunión en lo esencial. El pastor sabio reconoce estas diferencias, las comprende y predica a Cristo, en quien todas las promesas son sí y amén.
Tabla Sinóptica Comparada:
| Criterio | Tradición Reformada | Tradición Arminiana/Wesleyana | Tradición Bautista/Dispensacional | Perspectiva Pentecostal Clásica |
|---|---|---|---|---|
| Postura Exegética | Teología del pacto, énfasis en la soberanía divina y la elección. | Gracia previniente, libre albedrío, santidad práctica. | Literalismo histórico-gramatical, distinción Israel-Iglesia. | Hermenéutica pneumatológica, narrativa lucana como teología normativa. |
| Papel del Espíritu Santo | Agente de la regeneración y la santificación, aplica la obra de Cristo. | Testigo interno, agente de la gracia previniente y la santificación. | Agente de la iluminación y la regeneración; dones cesacionistas en su mayoría. | Bautizador en poder, dador de carismas continuos, sello y garantía. |
| Hermenéutica del Texto | *Analogia fidei*, Cristo como centro de toda la Escritura. | Equilibrio entre doctrina y ética, la regla de la gracia y la responsabilidad. | Interpretación literal, dispensaciones como marco histórico-teológico. | Lectura desde la experiencia del Espíritu, validando la continuidad de Hechos. |
| Implicación Ministerial | Predicación expositiva de la gracia soberana, confianza en la obra de Dios. | Llamado a la santidad, discipulado que enfatiza la respuesta del creyente. | Eclesiología congregacional, evangelismo y estudio profético. | Ministerio en el poder del Espíritu, sanidad, liberación y manifestación de dones. |
| Consenso Fundamental | Inspiración de la Escritura, deidad de Cristo, expiación vicaria, justificación por fe, Gran Comisión. | |||
Como pentecostales clásicos, afirmamos que nuestra hermenéutica no es una desviación, sino una restauración de la plenitud del Evangelio. El Evangelio Pleno no es una adición a la ortodoxia, sino su manifestación dinámica en el poder del Espíritu. Nuestra lectura de las epístolas se fundamenta en la convicción de que la iglesia descrita en Hechos es el paradigma para todas las generaciones.
**Refutación Universitaria del Cesacionismo:** La objeción cesacionista, articulada clásicamente por B.B. Warfield, sostiene que los dones milagrosos cesaron con la muerte de los apóstoles o la finalización del canon. Sin embargo, esta postura se sostiene sobre una frágil base exegética. El pasaje clave, 1 Corintios 13:8-10, afirma que las lenguas cesarán «cuando venga lo perfecto». El contexto inmediato, como han demostrado eruditos pentecostales como Gordon Fee, no se refiere al cierre del canon, sino a la Parusía y la visión beatífica (*visio Dei*). Pablo contrasta el conocimiento parcial y las profecías imperfectas de esta era con la plenitud del conocimiento que tendremos en la presencia de Cristo. El versículo 12 es inequívoco: «Ahora vemos por espejo, oscuramente; pero entonces veremos cara a cara». Este «entonces» es escatológico, no histórico. Además, Hechos 2:38-39 promete el don del Espíritu Santo «para vosotros y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare». Esta promesa no tiene fecha de caducidad; es para todos los llamados por Dios hasta el fin de los tiempos. La historia de la iglesia, desde Ireneo de Lyon en *Contra las Herejías* hasta los avivamientos modernos, testifica un flujo ininterrumpido de manifestaciones carismáticas, desmintiendo la teoría de su cesación.
**La Doctrina de la Subsecuencia y la Evidencia Inicial:** Afirmamos, con base en el testimonio lucano, que el bautismo en el Espíritu Santo es una experiencia distinta y subsecuente a la regeneración. En Hechos 2, los 120 ya eran creyentes; en Hechos 8, los samaritanos habían sido bautizados en agua antes de recibir el Espíritu; en Hechos 10, Cornelio y su casa recibieron el Espíritu mientras Pedro predicaba; y en Hechos 19, los discípulos de Éfeso fueron bautizados en el Espíritu después de su fe inicial. En cada caso, la **evidencia física inicial** que acompañó esta experiencia fue hablar en otras lenguas (*glosolalia*). Esta no es una doctrina derivada de la experiencia subjetiva, sino una lectura cuidadosa de la narrativa de Lucas, quien, como teólogo, seleccionó estos eventos para demostrar la naturaleza de la promesa del Padre. Las lenguas son la señal profética de que el Reino ha irrumpido y de que el creyente es investido de poder para ser testigo (Hch 1:8).
**Sanidad Divina en la Expiación:** El Evangelio Pleno proclama que la sanidad del cuerpo está incluida en la obra redentora de Cristo. Isaías 53:4-5 declara que «llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores», y Mateo 8:16-17 nos dice explícitamente que Jesús cumplió esta profecía al sanar a los enfermos. 1 Pedro 2:24 confirma que «por sus llagas fuisteis sanados». Santiago 5:14-16 nos da el protocolo para la iglesia: llamar a los ancianos, ungir con aceite y orar con fe. Esta provisión no niega el uso de la medicina, sino que afirma que la oración de fe es un medio de gracia tan real hoy como en el siglo I. La sanidad es un signo del Reino y una manifestación del amor compasivo de Cristo a través de su Iglesia.
**La Unción Ministerial:** El ministerio pastoral pentecostal no es una mera función administrativa o académica; es un llamamiento ungido por el Espíritu Santo. Jesús mismo fue ungido con el Espíritu para su ministerio (Lc 4:18), y prometió a sus discípulos que recibirían poder (*dynamis*) cuando el Espíritu Santo viniera sobre ellos (Hch 1:8). Esta unción nos capacita para predicar con autoridad, pastorear con compasión, ministrar a los quebrantados y manifestar el fruto del Espíritu en santidad. Es el sello de nuestra vocación y el secreto de nuestra eficacia. Sin esta unción, nuestro trabajo es solo esfuerzo humano; con ella, somos instrumentos en las manos de Dios para transformar vidas y edificar su Reino.
La interpretación de las epístolas culmina en la aplicación pastoral. El pastor pentecostal no es solo un expositor, sino un pastor de almas que lleva el texto al corazón de su congregación. La predicación expositiva debe ser el alimento principal de la iglesia, desmenuzando la Palabra con fidelidad y unción. En la consejería, las epístolas ofrecen principios transformadores: Romanos 8:1 para la culpa, Filipenses 4:6-7 para la ansiedad, y 1 Corintios 13 para las relaciones rotas. La visitación pastoral es la extensión del púlpito, llevando la presencia de Cristo a los hogares, orando por los enfermos (Stg 5:14) y consolando a los afligidos con la esperanza del evangelio.
La administración eclesial debe reflejar los principios de las epístolas pastorales. 1 Timoteo 3 y Tito 1 establecen el carácter irreprochable de los líderes. Hechos 6:1-7 nos enseña la importancia de delegar y levantar líderes laicos para que los apóstoles (y pastores) puedan dedicarse a la oración y al ministerio de la Palabra. La formación del liderazgo laico es crucial; 2 Timoteo 2:2 nos insta a confiar el mensaje a «hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros». Esto crea un multiplicador de discípulos y asegura la salud y el crecimiento de la iglesia.
La **salud espiritual, familiar y moral del ministro** es primordial. El pastor debe cuidar su propia viña (Cnt 1:6). Esto implica tiempos de retiro y oración, mantener la integridad en sus finanzas y relaciones, y priorizar su familia como su primer campo misionero. La prevención del agotamiento y la tentación es una disciplina diaria de confesión, rendición de cuentas y descanso sabático. Un ministro quebrantado no puede pastorear con poder.
**Guía de Intercesión Pastoral:** El pastor es un intercesor. Su ministerio de oración debe incluir un protocolo estructurado:
1. **Intercesión por las Familias:** Orar por la unidad, la fe de los hijos, los matrimonios en crisis y la restauración de los hogares destrozados.
2. **Ministración por los Enfermos:** Siguiendo Santiago 5, orar con fe, ungir con aceite y declarar la sanidad provista en la expiación, mientras se anima a buscar atención médica sabia.
3. **Intercesión por las Vocaciones:** Orar por los llamados al ministerio, por los misioneros, por los líderes laicos y por la cosecha de almas.
4. **Petición por el Avivamiento:** Clamar por un derramamiento del Espíritu Santo sobre la grey, la ciudad y las naciones, para que haya un despertar espiritual que traiga gloria a Dios.
**Conclusión Pastoral:** La interpretación de las epístolas nos lleva a un encuentro transformador con Cristo y su Espíritu. No son meras cartas antiguas, sino la voz viva de Dios para su pueblo hoy. Al predicarlas con fidelidad, aplicarlas con sabiduría y vivirlas en el poder del Espíritu, el pastor cumple su más alto llamamiento: pastorear el rebaño de Dios que está entre él, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino de corazón; no como teniendo señorío sobre los que están a su cargo, sino siendo ejemplos de la grey (1 P 5:2-3). Que el Señor nos conceda la gracia de ser ministros fieles de la Palabra y del Espíritu, para la gloria de Dios y la edificación de su Iglesia. Amén.
1. Predique la intención del autor, no su propia agenda: Toda predicación epistolar debe buscar la intentio auctoris bajo la iluminación del Espíritu Santo. Pregúntese: «¿Qué quiso decir Pablo, Pedro o Santiago a su congregación original?» y solo entonces aplique el texto a su grey. La proposición homilética debe ser una proposición exegética transformada en imperativo pastoral.
2. Reconstruya la situación histórica antes de aplicar: Las epístolas son ocasionales; es decir, nacen de problemas concretos. Antes de predicar, reconstruya el Sitz im Leben de la congregación destinataria (judaizantes en Gálatas, inmoralidad en Corinto, persecución en 1 Pedro). Un sermón sin contexto histórico es un avión sin torre de control.
3. Diferencie entre principio cultural y principio transcultural: La exégesis pentecostal seria distingue entre lo que era costumbre local (besar santo, velo, lavamiento de pies) y lo que es mandato moral permanente (santidad, amor, pureza). El predicador debe discernir con sabiduría espiritual y erudición académica qué es norma cultural y qué es deseo del Señor para todas las épocas.
4. Predique el Evangelio Pleno en cada pasaje: Toda epístola debe ser predicada con la lente del Evangelio Pleno: Cristo Salvador que justifica, Cristo Bautizador que capacita, Cristo Sanador que restaura y Cristo Rey que vuelve. No fuerce el texto, pero sí muestre cómo cada perícopa se conecta con la obra total de Cristo y la vida en el Espíritu.
5. Concluya con aplicación transformadora, no solo información: El sermón expositivo pentecostal no termina con un «amén» académico; termina con un llamado al altar, una invitación a la obediencia y una apertura a la obra santificadora del Espíritu. La aplicación debe ser específica, medible y desafiante para la vida de la congregación.
| Término Original | Transliteración y Parsing | Definición Léxica | Significado Teológico-Pastoral |
|---|---|---|---|
| δικαιοσύνη (Griego) | dikaiosynē — Sustantivo femenino, nominativo singular | Justicia, rectitud, estado de ser justo ante Dios (BDAG) | La justicia imputada de Cristo recibida por fe; fundamento de nuestra posición santa y base de la santidad práctica. |
| χάρις (Griego) | charis — Sustantivo femenino, nominativo singular | Gracia, favor inmerecido, don gratuito (Thayer) | La bondad inmerecida de Dios que salva, sostiene y capacita al creyente para toda buena obra. |
| πνεῦμα (Griego) | pneuma — Sustantivo neutro, nominativo singular | Espíritu, viento, aliento; el Espíritu Santo (BDAG) | La tercera Persona de la Trinidad que mora, sella, llena y capacita al creyente para el testimonio. |
| ἁγιασμός (Griego) | hagiasmos — Sustantivo masculino, nominativo singular | Santificación, consagración, proceso de ser hecho santo (TDNT) | La obra progresiva del Espíritu que nos separa del pecado y nos conforma a la imagen de Cristo. |
| ἐκκλησία (Griego) | ekklēsia — Sustantivo femenino, nominativo singular | Asamblea, congregación, iglesia local o universal (Moulton-Milligan) | El cuerpo de Cristo, la comunidad de los llamados, el templo del Espíritu Santo en la tierra. |
| μυστήριον (Griego) | mystērion — Sustantivo neutro, nominativo singular | Misterio, secreto divino ahora revelado (BDAG) | El plan redentor de Dios revelado en Cristo: la unión de judíos y gentiles en un solo cuerpo por el Espíritu. |
| ἐπαγγελία (Griego) | epangelia — Sustantivo femenino, nominativo singular | Promesa, compromiso divino de bendición (Thayer) | La promesa del Padre del Espíritu Santo, cumplida en Pentecostés y disponible para todo creyente que obedece. |
| μαρτύριον (Griego) | martyrion — Sustantivo neutro, nominativo singular | Testimonio, evidencia, declaración pública (BDAG) | El testimonio del creyente lleno del Espíritu que proclama a Cristo con denuedo y poder. |
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